A las 21:47, en un salón de baile abarrotado, una esposa embarazada vio a su esposo multimillonario elegir a su amante, en su canción de bodas. Ella salió sin decir palabra y desapareció. En tan solo 14 días, un proyecto de 200 millones de dólares fracasó, los inversores se marcharon y se filtraron secretos. Él creía tener el poder, hasta que se encontró con su ausencia.

Hace ocho años, vestía de rojo. Audaz. Viva.

En aquel entonces, era Vivian Ross: galardonada diseñadora de interiores, dueña de un próspero estudio, hija de un profesor de arte que creía que los hogares debían estar llenos de luz y color.

Ahora, yo era Vivian Hart.

Neutral. Controlada. Cuidadosamente silenciada.

Pero no por mucho más tiempo.

"Por fin lograste quedar embarazada."

Me giré y encontré a Charles Hart, el padre de Graham, a mi lado: sesenta y ocho años, adinerado de Connecticut, whisky en mano, ojos como hojas de cálculo.

"Ya era hora de que aportaras algo más que decoración", añadió con una voz impregnada de crueldad informal. "Un heredero Hart. Ese es tu valor."

Algo dentro de mí se quedó en silencio. Muy tranquilo.

"Disculpa", dije en voz baja.

"Oh, no te pongas sensible", se burló. "Sabes a qué me refiero. Has asegurado tu posición."

Lo miré —realmente lo miré— y vi el futuro de Graham: frío, vacío, intocable.

Conocía la historia de la familia. Hannah, la madre de Graham, desapareció hacía veintiséis años cuando Lena Hart, la hermana de Graham, tenía diez. Charles contrató a una niñera y siguió adelante como si la ausencia de una mujer fuera solo una molestia.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.