Pero Emma no podía ignorar el ruido ni los titulares. La velocidad con la que la opinión pública podía distorsionar los hechos la aterrorizaba.
Esa noche, de vuelta en la casa de acogida, Lily se acurrucó en sus brazos y susurró: “Mami, ¿hay gente enfadada con nosotras?”.
Emma tragó saliva con dificultad. “No, cariño. La gente aún no lo entiende. Pero lo entenderán.”
Esperaba tener razón. Asesoramiento legal.
Porque el mundo entero estaba a punto de presenciar el colapso de su familia, y Emma no tenía más remedio que luchar.
Dos meses después, el silencio reinó en la sala del tribunal cuando se anunció el veredicto. Emma tomó la mano de Lily en la primera fila, con el corazón latiendo con fuerza.
“De todos los cargos, la acusada es declarada culpable.”
Por un momento, Emma contuvo la respiración.
Entonces, el mundo se derrumbó a su alrededor, un alivio tan intenso que casi se desplomó. Lily la miró con los ojos muy abiertos, buscando el significado de las palabras de la jueza.
“Se acabó”, susurró Emma. “Ganamos.”
Caroline le apretó el hombro, con una suave sonrisa en los labios. “¡Lo lograste!”
"Salvaste a tu hija."
Se llevaron a Mark esposado. No se dio la vuelta.
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