Etapa 1: La puerta del dormitorio y el silencio que lo decía todo
"Marin..." empezó, y luego se quedó callado.
Marina no lo miraba a él. A la chica.
Estaba sentada en la cama, con las piernas cruzadas, con la camiseta de otra persona; en su casa, en su dormitorio, el lugar al que Marina no dejaba entrar ni a sus amigas más cercanas. Su taza, con el asa rota, estaba en la mesita de noche. El pintalabios de otra persona, sin la tapa, estaba cerca.
"Hola", dijo la chica de repente, como si hubiera venido a solicitar un trabajo. "Yo... no sabía que te daban el alta hoy".
Eso fue lo que la remató. No la camiseta. Ni el olor. Ni siquiera su expresión confusa.
"No sabía que te daban el alta hoy".
Así que el horario ya se conocía. Se había hablado de ello. Estaban construyendo la comodidad de otra persona para ella, para Marina, para su hospital.
Marina volvió lentamente la mirada hacia su marido.
"¿Lo sabías?", preguntó en voz baja.
Igor tragó saliva convulsivamente.
"No. Dijiste que... en tres días..."
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