A veces una casa muere antes que las personas que viven en ella.

Y de repente se dio cuenta: no era la basura. Ni los platos sucios. Ni la pereza.

La cuestión era que ella había desaparecido mucho antes de que él regresara.

Y él estaba demasiado lejos para darse cuenta.

Se sentó en el borde del sofá.

"Zoya, necesitamos ayuda." Un médico. Un psicólogo. Cualquiera.

Se rio entre dientes.

"Es demasiado tarde."

"No es demasiado tarde."

"Ya no siento nada, Lev. Ni alegría. Ni rabia. Ni amor. Incluso la vergüenza ha desaparecido. Simplemente está vacío. Como este apartamento."

Le tomó la mano. Estaba fría y sin fuerzas.

"No la vi", susurró. "Perdóname."

Ella no respondió.

Porque el perdón es necesario para vivir los sentimientos.

Y a ella casi no le quedaba nada.

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