A veces una persona se borra de la vida no por un grito...

El mensaje de su hermana parecía serio, casi cariñoso. Como si no le estuviera pidiendo a su hermano, sino a un servicio de mensajería.

Comprar. Entregar. Dejar.

Sin resentimientos.

Eso ni siquiera era lo más difícil. Lo más difícil era que, de verdad, no le veía nada malo.

Desarrollo

La lista de la compra era enorme. Caro. Festivo. De esos que Igor nunca se permitía comer.

Se sentó en la cocina de su apartamento de una sola habitación y miró la pantalla del teléfono, donde las líneas con los nombres de quesos y exquisiteces parecían escritas en un idioma diferente: el idioma de las personas cuyas vidas estaban prosperando.

Marina siempre había sabido vivir con belleza. Se había casado bien, había trabajado en una buena empresa y se juntaba con la "gente adecuada". Sus redes sociales eran como un catálogo de vidas felices: restaurantes, viajes, niños con suéteres idénticos junto a la chimenea.

Igor no encajaba en su imagen.

Olía a cableado, yeso y aceite de máquina. Contaba historias sencillas. Se rió a carcajadas. Llevaba seis años usando la misma chaqueta de plumas. Marina solía decir:

"No podríamos haberlo hecho sin ti".

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