Sino como función.
Marina le escribió solo tres semanas después de Año Nuevo.
El mensaje era seco, como una nota contable:
"Mamá preguntó si estarías en casa el domingo; tenemos que revisar el enchufe del pasillo".
Ni un "hola". Ni un "¿cómo estás?". Ni una palabra sobre esa noche.
Igor lo leyó, dejó el teléfono y fue a lavar los platos. Solo respondió esa noche:
"No puedo. Llama a un técnico".
La palabra "técnico" le costaba asimilar. Era como si se hubiera borrado de su papel habitual de familiar libre para toda ocasión.
No hubo respuesta.
Entonces, sin querer, vio una foto en redes sociales. Marina y su familia estaban en un centro comercial cerca de una cafetera nueva. El pie de foto:
"Por fin compramos lo que llevábamos tiempo queriendo".
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