Al llegar a casa, Vanessa se dirigió a su estudio, el único lugar donde podía tener el control de su vida

Con calma, revisó sus cuentas bancarias, asegurándose de que todo estuviera como debía. Cuando llegó el mensaje de Isabelle diciéndole que llegaría tarde a una reunión importante, Vanessa no pudo evitar sonreír. Sabía muy bien qué tan “importante” era esa reunión.

No perdió tiempo. Llamó a su abogada de confianza, Maddy Steward, y concertó una cita para el día siguiente. La conversación fue breve, pero el cambio en su voz era palpable.

— Nos vemos mañana a las diez en el café ‘Sw@llow’, Maddy. Esto es… delicado.

Esa noche, Vanessa se acercó a la ventana de su estudio, observando la ciudad iluminada. Ya no veía las luces como antes, llenas de sueños y promesas. Ahora, veía el preludio de un cambio, de grandes cambios.

Vanessa sabía que el día siguiente marcaría el inicio de algo nuevo. Algo que ella había estado esperando mucho tiempo sin saberlo: su libertad. Y esta vez, no solo se trataba de un futuro sin Daniel, sino de un futuro donde ella tomaba las riendas de su vida. Y lo haría por ella misma, por su dignidad y por la paz que tanto había anhelado.

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