¿Con quién hablabas? Con nadie. Vete a dormir. Ya bebiste suficiente. Ramiro quiso preguntar más, pero el alcohol ya nublaba sus pensamientos. Se dejó caer en el sofá de la sala y cerró los ojos. En minutos estaba profundamente dormido. Lo que sucedió después, Ramiro no lo recordaría, pero alguien más sí. Salomé despertó con el ruido de una puerta. Bajó de su cama y caminó hacia el pasillo. Desde las sombras vio algo que sus ojos de 3 años no podían comprender, pero que su memoria guardaría para siempre.
Una figura entró a la casa. Un hombre que la niña conocía bien. Un hombre que siempre usaba camisas azules y le traía dulces cuando visitaba. Sara gritó y después silencio. La pequeña Salomé se escondió en el armario del pasillo temblando mientras el hombre de camisa azul caminaba hacia donde dormía su padre. Dolores pasó la noche entera revisando el expediente del caso Fuentes. Cientos de páginas, fotografías que prefería no recordar, testimonios, peritajes, todo apuntaba a Ramiro, sus huellas, su ropa, su falta de coartada sólida, pero había grietas, pequeñas, casi invisibles, pero estaban ahí.
El primer testigo, un vecino llamado Pedro Sánchez, declaró inicialmente que vio a un hombre salir de la casa fuentes a las 11 de la noche. Tres días después, en una segunda declaración, especificó que era Ramiro. ¿Por qué el cambio? ¿Quién lo presionó? La evidencia física fue procesada en tiempo récord. Normalmente los análisis forenses tomaban semanas. En este caso, los resultados llegaron en 72 horas, justo a tiempo para el arresto. El fiscal a cargo del caso era Aurelio Sánchez.
El apellido coincidía con el del vecino testigo. Coincidencia o conexión familiar. Dolores buscó información sobre Aurelio Sánchez. Lo que encontró la perturbó profundamente. Aurelio ya no era fiscal. Había ascendido a juez hace 3 años, justo después de asegurar la condena de Ramiro. Su carrera despegó gracias a este caso resuelto con eficiencia ejemplar, según los periódicos de la época. Pero había más. Aurelio Sánchez tenía conexiones comerciales con Gonzalo Fuentes, el hermano menor de Ramiro. Juntos habían comprado varias propiedades en los últimos 5 años.
propiedades que antes pertenecían a la familia Fuentes. Dolores marcó un número en su teléfono. Carlos, necesito que investigues los negocios de Gonzalo Fuentes. Todo, cada propiedad, cada transacción, cada socio. Y necesito saber si Sara Fuentes sabía algo que no debía saber. Gonzalo Fuentes llegó al hogar Santa María en un auto negro de lujo que contrastaba con la modestia del lugar. Vestía un traje impecable y una corbata azul, siempre azul. Carmela lo vio entrar y sintió un escalofrío.
Había algo en ese hombre que le recordaba a las serpientes. Elegante por fuera, venenoso por dentro. Vengo a ver a mi sobrina”, dijo Gonzalo sin saludar. “Tengo derecho. Soy su tutor legal. Usted renunció a esa tutoría hace 6 meses cuando la dejó aquí”, respondió Carmela con firmeza. Ahora está bajo protección del Estado. Las circunstancias han cambiado. Con todo lo que está pasando con mi hermano, la niña necesita familia. Necesita a alguien que la cuide. Cuidarla como la cuidó antes de traerla aquí con moretones en los brazos.
Los ojos de Gonzalo se oscurecieron. Cuidado con lo que insinúa, señora. Tengo contactos. Contactos importantes. Puedo hacer que este lugar cierre en una semana si me lo propongo. Me está amenazando. Le estoy informando. Quiero ver a Salomé ahora. En ese momento, Carmela notó movimiento detrás de la puerta de su oficina. Salomé había escuchado todo. La niña estaba pálida, temblando con los ojos fijos en su tío. Había terror puro en esa mirada. Gonzalo también vio a la niña.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
