Nos aseguramos de eso. ¿Estás seguro? Nunca encontramos el cuerpo. ¿Y si habló antes de que lo alcanzáramos? ¿Y si dejó algo que pueda incriminarnos? Gonzalo sintió un sudor frío recorrer su espalda. ¿Qué sugieres? La ejecución de tu hermano es en 48 horas. Una vez que eso suceda, el caso se cierra para siempre. Nadie va a reabrir una investigación por un hombre ya ejecutado. Necesitamos que esas 48 horas pasen sin problemas. Y la abogada Aurelio tomó un sorbo de vino.
Tiene 68 años y problemas del corazón. Los accidentes pasan. La gente mayor se cae. Olvida tomar sus medicinas. Tiene emergencias en medio de la noche. ¿Estás sugiriendo? No estoy sugiriendo nada. Estoy diciendo que tienes 48 horas para resolver este problema. Como lo resuelvas es tu asunto. Pero si esa mujer presenta algo ante un tribunal antes de la ejecución, caeremos los dos. Gonzalo asintió lentamente. Había llegado demasiado lejos para detenerse ahora. Una muerte más no cambiaría nada, solo aseguraría su futuro.
Dolores llegó a su casa exhausta. El viaje a San Jerónimo la había agotado, pero lo que descubrió valía cada kilómetro. Martín Reyes era la clave. Tenía pruebas, solo necesitaba encontrarlo. Revisó su correo antes de entrar. Entre facturas y publicidad había un paquete sin remitente, un sobre acolchado, pesado. Lo abrió con cuidado. Dentro había un dibujo. Un dibujo hecho con crayones, claramente por la mano de un niño muy pequeño. Mostraba una casa, una figura acostada en el suelo y un hombre de pie junto a ella.
El hombre tenía una camisa azul. En la parte inferior alguien había escrito una. Fecha, 5 años atrás, tr días después de la muerte de Sara. Dolores volteó el dibujo. Detrás había un mensaje escrito con letra de adulto. Si alguien ve esto, ya es demasiado tarde, pero si aún hay tiempo, sigue buscando. La verdad está más cerca de lo que creen. Mr. Mr. Martín Reyes. Dolores sintió que el corazón le latía con fuerza. Martín estaba vivo. Había guardado este dibujo durante 5 años esperando el momento correcto y ahora, con la ejecución a días de distancia había decidido actuar.
Pero, ¿por qué enviar un dibujo de una niña? ¿Qué trataba de decir? Examinó el dibujo nuevamente, la camisa azul, las fotos que Carlos le había mostrado. Gonzalo siempre vestía camisas azules. Salomé había dibujado lo que vio esa noche. Con 3 años de edad había creado la prueba que podía salvar a su padre y alguien la había guardado todo este tiempo. Dolores necesitaba confirmar que el dibujo era auténtico. Contactó a una vieja amiga, Patricia Méndez, psicóloga forense con 30 años de experiencia en casos de trauma infantil.
Se reunieron en la oficina de Patricia al día siguiente. El tiempo se agotaba. Quedaban menos de 40 horas. Patricia examinó el dibujo con lupa tomando notas. El trazo es consistente con un niño de entre tres y 4 años, dijo. La presión del crayón, la forma de las figuras, la perspectiva limitada. Este dibujo es auténtico. Dolores, un niño pequeño lo hizo. ¿Puede representar un trauma real? Sin duda, los niños que presencian eventos traumáticos frecuentemente los procesan a través del arte.
Este dibujo muestra una escena violenta, una figura en el suelo, otra de pie en posición dominante. El uso del color rojo aquí señaló manchas en la figura acostada. Indica que el niño entendía que había sangre y el hombre de camisa azul es el detalle más significativo. Los niños traumatizados recuerdan elementos específicos, colores, olores, sonidos. Si la niña dibujó una camisa azul, es porque el agresor real usaba una camisa azul. Ese es un recuerdo sensorial, no una invención.
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