Dolores mostró las fotografías de Gonzalo que Carlos había recopilado. En cada una, sin excepción, vestía tonos de azul. Ramiro Fuentes siempre vestía colores oscuros, dijo Dolores. Negro, gris, café, nunca azul. Patricia asintió. Si puedes demostrar que la niña dibujó esto días después del evento, tienes evidencia psicológica de que vio a alguien diferente a su padre cometer el crimen. No es prueba legal por sí sola, pero combinada con otros elementos puede reabrir el caso. Exactamente. Dolores guardó el dibujo con cuidado.
Tenía una pieza del rompecabezas, pero necesitaba más. Necesitaba encontrar a Martín. Carlos llegó esa noche con más información. Había investigado el pasado de Sara Fuentes y encontrado algo crucial. Sara tenía una amiga cercana, Beatriz Sánchez. Se conocían desde la universidad. Según registros telefónicos que pude obtener, Sara habló con Beatriz la noche antes de morir. Una llamada de 40 minutos. Beatriz Sánchez, familiar de Aurelio, su prima, pero no se hablan hace años. Hubo una pelea familiar hace tiempo.
Beatriz vive en las afueras de la ciudad. Es enfermera retirada. Dolores visitó a Beatriz esa misma tarde. Era una mujer de 60 años que vivía sola con tres gatos y recuerdos de tiempos mejores. Sara me llamó esa noche, confirmó Beatriz. estaba asustada. Me contó que había descubierto algo sobre Gonzalo, el hermano de Ramiro, un fraude con el testamento de los padres. ¿Qué más le dijo? que Gonzalo la acosaba desde antes del matrimonio. Ramiro nunca lo supo. Sara no quería causar problemas entre hermanos, pero en los últimos meses Gonzalo se había vuelto más agresivo.
La amenazaba si no guardaba silencio sobre el testamento. ¿Por qué nunca declaró esto a la policía? Beatriz bajó la mirada. Mi primo Aurelio me visitó dos días después de la muerte de Sara. Me dijo que si abría la boca, investigaría mis impuestos, encontraría irregularidades donde no la sabía. Me dijo que podía destruir mi vida con una llamada. Tuve miedo, Dolores. Tuve miedo y me callé. Y he vivido con esa culpa 5co años. ¿Estaría dispuesta a declarar ahora?
Beatriz miró por la ventana donde el sol comenzaba a ocultarse. Sara era mi mejor amiga. Dejé que condenaran a su esposo inocente por cobardía. Si declarar ahora puede arreglar algo de lo que hice mal, estoy dispuesta. Dolores salió de la casa de Beatriz con una grabación de su testimonio y renovada esperanza. Pero al llegar a su auto notó algo extraño, un vehículo negro estacionado al final de la calle, el mismo modelo que había visto frente a su casa días antes.
Fingió no notarlo y condujo hacia su hogar. El auto negro la siguió a distancia. Dolores cambió de ruta tomando calles secundarias. El auto la seguía. Su corazón latía con fuerza, pero mantuvo la calma. En sus años de abogada había enfrentado amenazas peores. Finalmente se detuvo en una zona iluminada frente a una estación de policía. El auto negro pasó de largo, pero algo cayó de su ventana mientras aceleraba. Dolores esperó unos minutos antes de salir, recogió el objeto del suelo, una medalla religiosa de esas que las madres dan a sus hijos para protección.
tenía las iniciales grabadas. Mr. Martín Reyes. Él la estaba siguiendo. No los hombres de Gonzalo. Martín. Dolores miró a su alrededor buscando el auto negro, pero había desaparecido. Sin embargo, ahora tenía una certeza. Martín estaba vivo, estaba cerca y estaba tratando de comunicarse. La pregunta era, ¿por qué no se mostraba abiertamente? ¿A quién le temía tanto que prefería permanecer en las sombras después de 5 años? La respuesta vendría más pronto de lo que esperaba. Esa noche Dolores no pudo dormir.
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