Aquella noche de Navidad parecía una reunión familiar más… hasta que el padre de mi nuera me lanzó bourbon directamente a la cara.

No respondí. Me senté con calma, me quité la chaqueta mojada y la doblé con cuidado. Durante décadas había aprendido que el verdadero poder no grita. Espera.

Diez minutos después, sonó el timbre. Clara fue a abrir, aún riendo, convencida de que se trataba de algún vecino o un repartidor equivocado. Pero cuando abrió la puerta, su expresión cambió por completo.

Dos hombres y una mujer entraron. Trajes oscuros, carpetas bajo el brazo, rostros serios. Uno de ellos se presentó con voz firme.

—Buenas noches. Somos auditores judiciales y representantes legales del Banco Central Europeo y de la Agencia Tributaria.

El silencio fue absoluto.

Julián se levantó de golpe.

—Esto es una broma —dijo—. ¿Quién los ha enviado?

La mujer giró la cabeza lentamente… hacia mí.

—El señor Manuel Rivas —respondió—. Aquí presente.

Clara se volvió hacia mí, pálida.

—¿Qué es esto? —susurró.

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