Aquella noche empezó demasiado tranquila para…

Evan cayó a mi lado. Su respiración se hizo más lenta, pero presentí que no se había desmayado del todo.

Los pasos de Julian se acercaron. Se detuvo encima de mí. Sentí su presencia en la piel, como se siente la proximidad de una tormenta.

Me rozó ligeramente con el pie. Una prueba. Nada de preocupación.

"De acuerdo...", exhaló.

Esa palabra destrozó mi última ilusión.

Caminó hacia el pasillo. Su voz se fue apagando, pero en el silencio de la casa, el susurro era más fuerte que un grito.

Hablaba por teléfono. Con calma. Casi con alivio.

Las palabras eran fragmentarias, pero el significado era claro. Demasiado claro. Hablaba como quien habla de un asunto decidido hace mucho tiempo y finalmente zanjado.

La voz de la mujer en respuesta era tensa e impaciente. No había duda en ella. Solo anticipación.

El mundo dentro de mí se redujo a un solo punto: la mano de mi hijo junto a la mía.

Moví los dedos ligeramente. Su palma respondió con un suave apretón.

Él comprendió. Estaba consciente. Me estaba esperando.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.