Aquí es donde comienza el amor.

La voz se quebró.
Svetlana se sentó, apretando la grabadora contra el pecho, hasta que se apagó el último susurro de la cinta.

En primavera, empezó a ir a la dacha con más frecuencia. Su hijo llegó un día y se quedó en silencio un buen rato, escuchando a su madre contarle todo: sobre las cartas, las grabaciones, sobre su padre.
No lloró, solo dijo:
"Lo hizo todo para que pudieras respirar." Svetlana sonrió entre lágrimas.

Un año después, ese mismo día, el 17 de abril, regresó. Un ramo de lirios del valle estaba en el porche, aunque no le había dicho a nadie que vendría. Una tarjeta estaba prendida al ramo:

"Mamá, encontré esa caja junto a la puerta. Contiene fotos tuyas y de papá de pequeños. Te la traje. Que todo vuelva a empezar".

Svetlana tomó el ramo e inhaló su aroma. Y de repente se dio cuenta de que el cielo estaba más brillante que antes.

Puso las flores junto al arce y susurró:
"Gracias".

Pasó el tiempo.
Svetlana comenzó a escribir un libro, no sobre él, sino sobre sí misma. Sobre una mujer que había experimentado una pérdida y aun así eligió la vida.

Todas las mañanas, preparaba café, salía al porche y decía en voz alta, como si él todavía estuviera allí:
"Buenos días, Lyosha".

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