Bañé a mi suegro paralítico a espaldas de mi marido… y al descubrir una marca en su cuerpo, caí de rodillas mientras se revelaba el secreto de mi pasado.
Con manos temblorosas, empezó a ayudarlo.
Lo limpió con cuidado, con respeto y ternura.
Pero cuando necesitó quitarle la camisa para limpiarle la espalda…
Lucía se quedó completamente congelada.
El mundo quedó en silencio.
Porque en el hombro de Don Rafael…
entre las cicatrices profundas…
había algo que ella nunca olvidaría.
Un tatuaje.
Un águila sosteniendo una rosa.
Su cuerpo empezó a temblar.
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