El mundo de Rodrigo se fracturó silenciosamente.
Todo lo que había construido, cada sacrificio, cada ambición, de repente se volvió frágil ante una verdad simple y devastadora.
—Quería buscarte —añadió Gabriela—. No me dejaste entrar.
Recordó vagamente que después, Valeria abrió la puerta diciendo que era un buen momento, que estaba ocupado.
"Debería haber insistido", murmuró.
"No", interrumpió ella. "Tú tomaste tu decisión. Yo tomé la mía."
Valetipa se acercó, cómodamente, frunciendo el ceño.
"¿Qué pasa?" preguntó, mirando de Gabriela a su vientre.
Rodrigo se giró hacia ella, sin poder escapar.
—Está embarazada de mi hijo.
El silencio cayó como un montón de ladrillos.
Valetipa observó a Gabriela con una mezcla de sorpresa, juicio y cálculo, como si aquella mujer fuera un obstáculo esperado en un tablero perfectamente colocado.

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