En cambio, se inclinó hacia adelante, su mirada ardiente en la de ella. Anna, ¿sabes cuántas personas se alejaron de mí mientras estuve en coma? Su sonrisa se desvaneció. Dos, lo sabía.
Ella lo había visto en carne propia: cómo su familia lo había tratado como una carga, cómo sus supuestos amigos habían seguido adelante. La única razón por la que había sobrevivido a esa oscuridad era porque alguien se había quedado. Porque ella se había quedado.
Pero no lo hiciste, murmuró Grant. Estuviste ahí, día tras día. Me cuidaste cuando ni siquiera podía abrir los ojos.
Cuando no era más que una causa perdida para todos, te negaste a renunciar a mí. A Anna se le hizo un nudo en la garganta. Nunca lo había pensado así.
Ella simplemente había hecho lo que creía correcto. Pero para Grant, lo había significado todo. Grant se acercó más, sus dedos rozando los de ella sobre la mesa.
Anna, lo tengo todo. Su voz era suave pero firme. Dinero, poder, influencia.
Pero nada de esto significa nada sin ti. Anna contuvo la respiración. Grant, déjame terminar, susurró.
Su mano finalmente rodeó la de ella, su pulgar trazando círculos lentos y delicados sobre su piel. No sé cómo sucedió. No sé cuándo empezó.
Pero lo que sí sé es que cada momento que estuve atrapada en ese coma, tú eras quien me mantenía con vida. Eras mi luz en la oscuridad, Anna. Sus ojos ardían de lágrimas.
Te amo. Las palabras la impactaron, dejándola sin aliento. No porque no lo hubiera sentido también, sino porque oírlo de él lo hizo innegablemente real.
Grant Carter, el hombre que una vez vivió en un mundo de cálculos fríos, negocios y juegos de poder, ahora estaba sentado frente a ella, desnudando su alma. Y por primera vez en su vida, Anna sintió algo que nunca antes había sentido. Verdadera, completa e irrevocablemente apreciado…
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
