Y entonces lo vio. Algo que no había visto antes. El informe del equipo de reconstrucción del accidente indicaba que los frenos de Grant habían fallado.
Falló. No está desgastado. No funciona mal.
Manipulado. Un escalofrío le recorrió la espalda. Esto no fue solo un accidente desafortunado.
Alguien quería que Grant muriera. Y él no tenía ni idea. Respirando entrecortadamente, cerró el expediente.
Necesitaba decírselo. Porque si alguien había intentado matarlo una vez, podría intentarlo de nuevo. La recuperación de Grant se estaba produciendo a una velocidad asombrosa…
En tan solo unas semanas, había pasado de estar postrado en cama a sentarse, comer solo y hablar con oraciones completas. Ahora, con la ayuda de la fisioterapia, estaba aprendiendo a caminar de nuevo. Y durante todo ese proceso, Anna estuvo presente.
Cada paso. Cada lucha. Cada momento frustrante en el que quería rendirse, ella lo atraía.
—No puedo con esto —murmuró Grant, agarrándose con fuerza a las barras paralelas mientras intentaba levantarse—. Sí, puedes —dijo Anna con firmeza, de pie junto a él—. Ya has llegado hasta aquí, Grant.
No te detengas ahora. Se giró para mirarla, respirando agitadamente. Ella no solo decía palabras para motivarlo.
Ella realmente creía en él. Y eso le hizo creer en sí mismo. Con una exhalación decidida, dio otro paso adelante.
El rostro de Anna se iluminó. Eso fue todo. Por primera vez desde que despertó, Grant sonrió.
No por cortesía. No por obligación. Sino porque, por primera vez, se sentía vivo de nuevo.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
