Él soltó una risa suave.
—¿Está segura? Yo la he buscado mucho. “Busty Granny” es famosa.
Esa noche llegó el primer mensaje anónimo: una foto vieja de Caroline saliendo de la iglesia, con la frase: “¿Cree que podrá esconderse por mucho tiempo?”
El miedo la golpeó. Alguien quería sacarla a la luz. Alguien quería romperla.
Pero dentro de ella surgió una idea clara: si seguía escondiéndose, volvería a vivir como antes, encerrada. Y eso ya no era vida.
Sonó el teléfono. Un número desconocido.
Caroline contestó.
—Hola…
La voz de un hombre sonó lenta, satisfecha:
—Buenas noches, Caroline. ¿O debo llamarla… Busty Granny?
Caroline sintió que la sangre se le helaba.
—¿Quién es usted?
Él rió.
—Soy alguien que puede hacer que toda su iglesia, y todo su pueblo, se enteren de quién es usted en realidad… si no hace lo que le digo.
Caroline apretó el teléfono.
—¿Qué quiere?
—Quiero que me vea. Mañana. 9 pm. Hotel Aurora.
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