"Cinco modelos famosas competían por su fortuna, pero el niño prefirió a la limpiadora: El secreto que los ojos del pequeño descubrieron"....-kimthuy

Carmen no era modelo, ni buscaba el dinero de Eduardo; era una mujer de Córdoba que conocía el peso del sacrificio y el valor incalculable de un abrazo en la oscuridad.

Llevaba seis meses trabajando en la limpieza, pasando desapercibida para el magnate, pero convirtiéndose silenciosamente en el refugio seguro donde Diego descargaba sus pequeñas y grandes penas de niño.

Eduardo llamó a su hijo al centro del salón principal, donde las cinco candidatas aguardaban ansiosas, esperando que el dedo del niño señalara su futuro de reinas de la alta sociedad.

"Hijo mío, elige quién quieres que nos acompañe siempre", dijo Eduardo con voz solemne. El silencio se apoderó de la estancia mientras las modelos contenían la respiración tras sus maquillajes.

Diego caminó lentamente, ignorando los vestidos de seda y los perfumes caros que saturaban el aire. Sus pasos pequeños resonaron en el suelo de mármol pulido hacia la salida del salón.

Para sorpresa de todos, el niño no se detuvo ante ninguna de las bellezas contratadas. Atravesó el umbral y caminó directo hacia la cocina, donde Carmen recogía sus pertenencias personales.

Diego tomó la mano de la empleada doméstica, cuyas uñas no tenían manicura francesa pero cuyos dedos conocían la temperatura exacta de la leche que el niño tomaba antes de dormir.

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