Cómo regresaron después de 20 años

Etapa 1. La fila del mercado y la ira ajena
"¿Te haces el filántropo? ¿Alimentando a los vagabundos?" Vasili Kuzmich se detuvo junto a él, con las manos en las caderas. "Entonces no llores cuando te roben el puesto."

Antonina Savelyevna levantó la vista y, con calma, sin maldecir, como solo ella podía, respondió:

"Vasili Kuzmich, solo pasas por aquí. Pero mi puesto sigue en pie y así seguirá."

Su esposa, la tía Lyuska, con su pescado, observó a los gemelos. Había algo en su mirada que le dio escalofríos a Antonina: ni siquiera ira, sino desprecio, como si estuviera viendo basura.

"Mira", murmuró, "ya nos estás malcriando con patatas. ¿Nos vas a dar de comer así?"

Stepan y Yegor guardaron silencio. Estaban acostumbrados a que los adultos hablaran de ellos como si no estuvieran allí. Pero hoy, Yegor apretó los puños de repente hasta que se le pusieron blancos los nudillos.

Antonina lo vio y negó con la cabeza rápidamente, casi imperceptiblemente: «No». Poseía una fuerza especial: ni ruidosa ni contundente. Había algo en su interior que hacía obedecer incluso al más testarudo.

«¿Vienes mañana?», preguntó en voz baja, cuando el ambiente del mercado se calmó.

«Iremos», respondió Stepan. «Lo prometimos».

Ella asintió y sonrió, como si aquello no fuera pobreza ni un sótano húmedo en la calle Zavodskaya, sino una vida normal y sencilla: trabajo, promesas, responsabilidad.

Y por la noche, al cerrar el mercado, se le acercó el policía local.

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