Cómo regresaron después de 20 años

"No los llevaré allí", respondió ella. "Pero tienen que entender: esconderse no es vida."

Yegor, sollozando, le puso dos monedas de cobre en la palma.

"Tomen, tomen esto." Vacío.

Los tendrás. Tú... tú eres como su madre.

Antonina cerró los dedos alrededor de las monedas y sintió un desgarro en el pecho.

"No soy madre", susurró. "Pero si tuviera hijos... querría que fueran así".

Esa noche, los dejó dormir con ella por primera vez. Los recostó en el sofá y luego en la cama plegable de la cocina, escuchando su respiración y temiendo que se los llevaran por la mañana.

Por la mañana, fue a ver a la mujer de la comisión.

"Hagámoslo así", dijo con calma. "Yo me hago responsable. Los pondré en un refugio donde no se rompan nada. Los visitaré, los ayudaré. Pero tú... no los presiones. No los conviertas en bestias".

La mujer miró a Antonina largo rato y con cansancio.

"¿Entiendes que no puedes criarlos sola?"

"Entiendo", respondió Antonina. "Pero lo intentaré".

Y así comenzó su verdadera salvación; no una bonita, de película. Difícil.

Etapa 4. El orfanato, el sueño del pan y la disciplina "como la de papá"
En el orfanato, los chicos eran cautelosos. No confiaban en nadie.

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