Se le encogió el corazón.
"Sí..."
"Soy... Stepan. Y Yegor está cerca. Estamos en la ciudad."
Se quedó callada, sin palabras.
"¿Podemos ir a su casa?", preguntó Yegor en voz baja.
"Puedes", exhaló. "Solo... voy a poner el té."
Etapa 6. Dos Lexus en la entrada
A la mañana siguiente, Antonina miraba por la ventana como una niña pequeña. Le temblaban los dedos, la tetera hirvió dos veces seguidas; se le olvidaba que ya la había hervido.
Dos coches se detuvieron en el patio. Negros y brillantes, como en una película. El cielo se reflejaba en sus capós. Lexus.
La tía Nina, la vecina que solía enterarse de todo primero, asomó la cabeza por la puerta:
"¡Tonya, ha venido alguien rico a verte!"
Antonina simplemente hizo un gesto con la mano. Se le hizo un nudo en la garganta.
Un hombre bajó del primer coche. Alto y seguro de sí mismo. Otro hombre, un poco más bajo, pero con el mismo paso, bajó del segundo. Levantaron la cabeza a la vez y miraron hacia la ventana.
Y Antonina lo reconoció. No sus rostros; habían cambiado. Reconoció sus ojos. Esos mismos, hambrientos, testarudos.
Stepan y Yegor entraron en el edificio y subieron rápidamente las escaleras, como hacían antes para ir al mercado: sin palabras innecesarias, al grano.
Sonó el timbre. Antonina abrió y se quedó paralizada.
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