Con casi 103 años, es la estrella viva más longeva.

Detrás de sus sonrisas se esconden batallas secretas, amigos perdidos y sueños inconclusos. Una historia en particular te impactará.

Sus edades desafían la creencia, pero es su resiliencia lo que realmente asombra. Elizabeth Waldo, nacida en 1918, ha dedicado su vida a rescatar la música indígena del olvido, transformando la memoria en melodía. Karen Marsh Doll conserva los últimos vestigios de la época dorada de Hollywood; su vida es un puente entre los platós de El mago de Oz y Lo que el viento se llevó y un mundo que apenas reconoce el sistema de estudios que los creó. Ray Anthony, a sus 103 años, aún encarna el ritmo y la elegancia de las noches de big band que alguna vez definieron el romanticismo estadounidense.

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