"Mamá...", empezó y guardó silencio.
Margarita lo miró fijamente, casi con calma. No había súplica en esa mirada. Solo expectación.
"Ella...", Alexey tragó saliva. "De verdad... a veces te pasas de la raya". Elizaveta Petrovna palideció.
"¿Estás en mi contra?"
"No estoy en tu contra", dijo con cansancio. "Es solo que... ya no puedo fingir que no pasa nada".
Se levantó lentamente.
"Así que así es. La elegiste".
"Elegí no ser cobarde", dijo con firmeza por primera vez esa noche.
Era el fin.
Elizaveta Petrovna miró a Margarita. Ya no había desprecio en sus ojos, solo un odio frío y abrasador.
"¿Crees que has ganado?", susurró.
"No", respondió Margarita. "Simplemente dejé de perder".
La suegra cogió su bolso y se dirigió a la puerta.
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