Cuando el silencio se rompe: La historia de la mujer que…

Luego se levantó y se acercó.

"No quiero perderte".

Margarita lo miró.

"Entonces empieza a respetarme".

Asintió. Lentamente. Como un hombre que, por primera vez, comprendía el valor de sus acciones.

Esa noche no durmieron. Hablaron; por primera vez en años, de verdad. Sobre el miedo, sobre la infancia, sobre lo fácil que es ser débil cuando una madre fuerte te protege.

Y en algún lugar de otro apartamento, Elizaveta Petrovna permanecía sentada en la oscuridad, con la mirada perdida.

Por primera vez en su vida, había perdido ante una mujer a la que consideraba una don nadie.

Y lo supo: era imposible recuperar su antiguo poder.

Y Margarita, de pie junto a la ventana, no sentía triunfo.

Sino paz.

A veces la libertad no llega con un grito, sino con el suave clic de una puerta al cerrarse.

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