Luego, no sentir.
Pero el dolor no desaparece solo porque se ignore.
Había mucha gente en el apartamento esa noche.
Una celebración, invitados, una mesa puesta con platos caros.
Todo parecía hermoso, como un escenario.
Pero Margarita se sentía menos dueña de la casa y más como una acusada en un tribunal.
Cocinaba todo el día.
Lavaba, cortaba, freía, limpiaba, servía.
Quería que todo saliera perfecto.
Quería ganarse el silencio en lugar del desprecio por una vez.
Pero no hubo silencio.
Elizaveta Petrovna eligió un momento en que todos la escuchaban.
"Vaya, qué patatas...", dijo lentamente. "Arruinar un plato normal así. Es muy torpe."
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