La gente se quedó paralizada.
Alguien bajó la mirada.
Alguien palideció.
Alexei se dio cuenta por primera vez: estaba perdiendo el control.
Siempre había considerado a su esposa débil.
Ahora, una mujer diferente estaba frente a él.
Incómoda.
Peligrosa.
Libre.
Cuando el tío Misha, el severo hermano de su suegra, intervino, fue el golpe definitivo a su poder.
"Te excediste, Liza", dijo. "La chica tiene razón".
Elizaveta Petrovna perdió.
Se disculpó.
No porque se arrepintiera.
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