Anna levantó la vista:
"¿Tienes miedo?"
"¿De verdad?" Se encogió de hombros. "Un poco. Cuando mamá se enfada, tiembla la tierra".
"Que tiemble", respondió ella. "Lo importante es que no tambaleemos".
Y esa noche, por primera vez, sintió: sí, ahora eran un equipo. Un equipo de verdad.
Capítulo 3. El contraataque de Lydia Arkadyevna
Pasaron dos semanas. Anna regresó de su turno y encontró… un ramo de rosas en la puerta. Enorme, escarlata y provocativo.
Adjunto había una nota:
"Para mi amado hijo y su maravillosa esposa, mamá".
Anna sonrió.
Conocía esos "maravillosos", entre comillas.
Pero aun así puso las flores en el jarrón. Dejó que se quedaran. Dejó que vieran que no tenían miedo.
Al día siguiente, Gleb llamó. Su voz era tensa:
"Anya, mamá nos invitó a cenar. Dijo que quería hablar".
"Por supuesto", dijo. "Tenemos que irnos".
"¿Estás segura?"
"Más que".
Lo sabía: esto no sería una cena. Esto era un campo de batalla.
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