“Anna, hola”, dijo con una voz inusualmente serena. “¿Podrías enviarme la receta de tu borscht?” Arkady dice que el tuyo está mejor.
“Por supuesto”, respondió Anna. “Te escribo ahora”.
Pausa.
“Y... gracias”, añadió su suegra en voz baja. “Por no echarnos entonces”.
“No lo tenía pensado”, dijo Anna. “Solo le recordé dónde están los límites”.
Lydia Arkadyevna no respondió, pero se oyó algo parecido a una risita al otro lado de la línea.
Y ese fue el primer paso hacia la verdadera paz.
Capítulo 10. Hogar
Pasó un año.
En el alféizar de la ventana había flores que Anna había plantado ella misma.
En el dormitorio había cortinas nuevas, claras, casi transparentes.
En la pared colgaba una foto de ellos juntos desde la playa.
Anna estaba de pie junto a la ventana, con la misma camiseta que había usado hacía un año. Ahora, sin que la llamaran, simplemente porque le convenía.
Gleb se acercó por detrás y la abrazó. "¿Sabes?", dijo, "Mamá preguntó ayer cuándo íbamos a visitarlos".
"¿Y qué dijiste?".
"Que primero, unas vacaciones juntos. Luego, quizás".
"Buena chica", sonrió Anna.
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