Y este "nosotros" sonaba tan claro que Marina no pudo evitar notar el cambio.
Una noche, Antón se sentó a su lado y le dijo:
"He pedido cita con un psicólogo familiar. Solo una vez. Luego, si estás de acuerdo, juntos".
Marina lo miró un buen rato.
"Estoy de acuerdo", dijo en voz baja. "Porque no quiero quedarme 'sin voz' otra vez".
Antón asintió y le tomó la mano.
"Yo también".
Y en ese momento, Marina se dio cuenta: su historia no se había convertido en un cuento de hadas. Pero sí en honestidad. Y a veces la honestidad es el mejor regalo que se le puede dar a un hijo, junto con un hogar.
Epílogo - "Un apartamento para otro, las reglas de otro y una esposa embarazada sin voz"
Marina podría haberse quedado. Aguantado. "Por el bien de la familia". Muchos lo hacen, hasta que se dan cuenta de que "por el bien de la familia" siempre significa "por la conveniencia de otro".
Pero ella eligió otra opción.
Decidió irse del apartamento donde revolvían sus cosas sin preguntar, donde su dinero se consideraba "común" solo cuando necesitaba control, donde su embarazo se percibía no como un estado frágil, sino como una excusa para mandarla.
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