Y la lección más importante era simple: la familia comienza donde todos tienen voz.
Antón también lo entendió; no de inmediato, ni con gracia, ni de la noche a la mañana. Pero lo entendió. Y tomó una decisión.
Y Galina Petrovna... se quedó con sus reglas. En su apartamento. Donde ella mandaba.
Solo que ahora, con Marina y su hijo, sus reglas estaban ahí. Su hogar. Su voz.
Y esto fue suficiente para que Marina se despertara por la mañana sin miedo por primera vez en mucho tiempo.
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