"Anton", dijo Marina, "mañana vamos al banco. Presentarás una solicitud para devolver los fondos transferidos a un tercero y revocar el acceso a las cuentas. Y una solicitud aparte para volver a registrar el plan de nómina para que tu sueldo vuelva a ser tuyo, no de tu madre".
Anton asintió. Parecía como si el viejo sistema de "Mamá decidirá" se estuviera desmoronando en su interior.
Al día siguiente, efectivamente fueron al banco. Galina Petrovna llamaba a Anton cada cinco minutos, gritando, llorando, prometiéndole "nunca más". Anton no contestó.
En el banco, cuando el empleado dijo con calma: "Vemos transferencias regulares a la tarjeta de Galina Petrovna", Marina sintió una extraña sensación de alivio. No por venganza, sino porque su realidad quedó documentada.
Ese mismo día, Anton recuperó su sueldo. Y Marina envió a su suegra una exigencia formal por correo certificado: «No recibo» y «no trabajo».
Galina Petrovna los recibió en casa con un silencio gélido.
«¡Felicidades!», dijo. «Me han convertido en una ladrona».
Marina respondió con calma:
«Me he convertido en una mujer con voz».
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