Esa noche, Galina Petrovna llegó sola, sin avisar. Se quedó en la puerta del nuevo apartamento con una bolsa de "comida casera" y cara de santa.
"Te traje unas chuletas", dijo con dulzura. "Una mujer embarazada necesita comer. No soy tu enemiga. Solo quería lo mejor."
Marina se negó a dejarla entrar y se quedó en el umbral.
"Gracias, pero nos las arreglaremos."
"¿No me dejas entrar?" Su suegra entrecerró los ojos. "Anton, ¿me dejas?"
Anton dio un paso al frente... y se detuvo.
Y ese "se detuvo" valía más que mil palabras.
"Mamá", dijo, "nos veremos, pero no así. No entras sin invitación. Y no tomas decisiones por nosotros. Eso es todo."
Galina Petrovna palideció:
"Te lo hizo..."
"No", la interrumpió Anton. "Por fin he madurado".
Galina Petrovna se dio la vuelta y se fue sin devolver la bolsa. De forma ostentosa. Como siempre.
Marina cerró la puerta y, por primera vez en tres meses, sintió que el aire era diferente.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
