Cuando los médicos le informaron que a su esposa le quedaban solo unos días de vida, se inclinó sobre su cama de hospital y, enmascarando su satisfacción con una sonrisa fría, murmuró:

“He hablado con el abogado. Solo por precaución. Por si las cosas… empeoran”.

Lucía abrió los ojos con más atención y lo observó.

“Siempre pensando en el futuro”, dijo con calma.

Por un breve instante, perdió la compostura.

“Solo estoy protegiendo lo que es nuestro”.

“¿Nuestro?”, repitió en voz baja.

En ese momento, Carmen entró con una bandeja, interrumpiendo la tensión. Alejandro se hizo a un lado, pero su mirada se desvió hacia la bomba intravenosa. Carmen lo notó al instante.

“Por favor, no toques el equipo”.

“Tranquilo”, respondió con frialdad.

Esa misma tarde, llamaron a Alejandro a la oficina del director médico.

“Señor Martínez”, comenzó el médico con tono neutral, “hemos identificado irregularidades en ciertas prescripciones de medicamentos”.

“¿Irregularidades?”

“Medicamentos no indicados habitualmente para este diagnóstico; autorizados con su firma”.

Alejandro frunció el ceño. “Confié en la experiencia del personal”.

“Curiosamente, desde que se suspendieron esos medicamentos, el estado del paciente ha mejorado”.

El silencio que siguió fue denso.

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