Cuando los médicos le informaron que a su esposa le quedaban solo unos días de vida, se inclinó sobre su cama de hospital y, enmascarando su satisfacción con una sonrisa fría, murmuró:

“¿Sugiere algo?”, preguntó con frialdad.

“Estamos revisando los hechos”.

Al salir, su confianza parecía quebrantada.

Esa noche, entró en la habitación de Lucía sin saludarla.
“¿Qué les dijo?”, preguntó en voz baja.

Lucía lo miró a los ojos con una firmeza inesperada.

“La verdad”. “Nadie te va a creer. Te sedaron.”

“No del todo.”

Retrocedió un paso.

“No tienes ni idea de con quién estás tratando.”

“Sí”, respondió ella en voz baja.

La puerta se abrió. Carmen y el médico entraron.

“Señor Martínez, sus privilegios de visita quedan suspendidos mientras continúa la revisión.”

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