Una comunidad avanza
El proceso legal se alargó, agotador y ruidoso, lleno de acusaciones que me dolieron más de lo esperado.
Entonces, una tarde, una vecina llamó a mi puerta.
Me dio fotos.
Luego llegaron cartas.
Luego, historias.
La gente hablaba de cómo Walter ayudaba cuando nadie más lo hacía, de las comidas compartidas, de las puertas que dejaba abiertas.
La sala del tribunal se llenó.
Cuando el juez finalmente dictó su fallo, la casa nos pertenecía a Elliot y a mí, sin lugar a dudas.
Lo que encontré en el ático
Meses después, durante una tormenta, subí al ático y encontré una pequeña caja escondida bajo unas tablas viejas.
Dentro estaba el diario de Walter.
Escribió sobre la pérdida, el miedo, sobre elegir la soledad hasta que un vecino inesperado le dio una razón para volver a tener esperanza.
Una frase se me quedó grabada:
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