Cuando mi hija de quince años yacía muriendo en una cama de hospital, mi propia madre le arrancó la mascarilla de oxígeno y la abofeteó, exigiendo 20.000 dólares para un viaje por Europa.

Vanessa puso los ojos en blanco.
—“Tienes dinero para el tratamiento de tu hija moribunda pero no para nosotras. Qué patética eres.”—

Algo dentro de mí se rompió.
—“Lárguense.”—

Pero antes de que pudiera acercarme a la puerta, mi madre se abalanzó hacia la cama.

Su mano salió disparada y le arrancó la mascarilla de oxígeno a Emily.
El monitor comenzó a gritar. El pecho de Emily se agitaba, buscando aire desesperadamente.

—“¡Mamá!”— grité empujándola hacia atrás. —“¿Qué demonios te pasa?!”—

—“¡Ni siquiera está muriéndose!”— gritó Vanessa. —“¡Estás fingiendo esto solo para quedarte con el dinero!”—

Los ojos de Emily se abrieron, llenos de terror. Lágrimas corrieron por sus mejillas pálidas mientras intentaba hablar.
Mi madre la abofeteó tan fuerte que el golpe resonó por toda la habitación.

Perdí el control.
Presioné el botón de emergencia mientras empujaba a Lorraine. Los médicos entraron corriendo.
Seguridad las sacó a la fuerza, todavía gritando.

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