Se dice que las mujeres perdonan por amor, pero a veces su silencio no es debilidad: simplemente esperan el momento adecuado. Cuando él puso los papeles del divorcio sobre la mesa, ella no lloró, no se aferró. Solo lo miró, con los ojos de alguien que ya había ganado desde hace mucho tiempo.
Anuncio Minh y Linh llevan casados siete años. Su matrimonio no es ni catastrófico ni feliz. Minh es director comercial en una empresa de tecnología, siempre ocupado, a menudo de viaje. Linh, que antes era arquitecta, cambió de rumbo después del matrimonio: da clases de dibujo a tiempo parcial para poder cuidar de su hija pequeña, Chip.
Al principio, todo estaba tranquilo. Pero en los últimos tres años, Minh se ha distanciado. Respuestas lacónicas. Llamadas que quedan sin respuesta. Viajes de negocios repentinos y regresos tardíos con un olor a perfume desconocido.
Linh lo sabe.
Anuncio Las mujeres profundamente enamoradas suelen tener un sexto sentido. Linh preguntó varias veces, Minh lo negó secamente: —Exageras demasiado. Estoy ocupado.
Linh no montó una escena. Permaneció en silencio, observando, viviendo como si no pasara nada. Pero, en el fondo, empezó a cambiar. Se acabó la esposa dulce y frágil: Linh aprendió a contenerse y a protegerse.
Una noche, Minh acababa de salir del baño. Su teléfono, puesto sobre la mesa, se iluminó. Apareció un mensaje: «Duerme bien. Me encantaría estar a tu lado esta noche. ¿Paso por mi casa este fin de semana?».
Linh lo leyó, con el corazón encogido. El nombre de la remitente no le era desconocido: Han, la nueva asistente de Minh, cinco años menor que él, una silueta despampanante, un carácter meloso. Esa chica ya había ido a su casa con el pretexto de ser una colega, incluso había comido los platos preparados por Linh. Y sin embargo…
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