—Yo… ¿desde cuándo lo sabías? —la voz de Minh temblaba.
Linh se encogió de hombros: —No hace falta recordarlo. Solo sabe que nunca estuve ciega. Esperé a que todo estuviera maduro.
Minh miró los documentos de transferencia de la casa, antes a nombre de la pareja, ahora a nombre de la pequeña Chip y su abuela. Fulminó: —¿Me ocultaste esto? ¿Lo calculaste todo? —No oculté nada. No preguntaste. Y en ese momento, estabas muy ocupado con tu pequeña asistente, ¿recuerdas? —respondió Linh secamente.
Minh se quedó sin palabras. Los papeles de divorcio que él mismo había redactado volvían como un bumerán para golpearle en la cara.
Linh no gritó, no lloró, no montó un escándalo como esas mujeres que Minh ya había visto. Estaba tranquila, como alguien que acaba de completar un plan a largo plazo.
—Quieres el divorcio, acepto —dijo Linh. Tomó el bolígrafo, firmó, sin dudar. —Pero —levantó la cabeza—, no dejaré que mi hija sufra. Y no dejaré que el hombre que traicionó se vaya tranquilamente como si no hubiera hecho nada.
Minh balbuceó: —¿Qué quieres decir?
Linh sonrió: —Primero, tengo todas las pruebas de tu adulterio. Si es necesario, puedo presentarlas en el tribunal. Segundo, la casa donde vivimos ha cambiado de nombre. Ya no tienes ningún derecho sobre ella. Tercero, pido la custodia exclusiva de Chip. ¿Quieres verla? Bienvenido. Pero la mantendrás cada mes, íntegramente. La cantidad que exijo es el doble del mínimo legal.
Minh sintió que se le encogía la garganta. No había imaginado ser «estrangulado» financieramente de esa manera. Pensaba que Linh se aferraría, que incluso aceptaría dejarlo todo por retenerlo. Pero no.
Ella ya no tenía nada que retener, y ya no lo necesitaba.
Tres meses después de la audiencia, todo se desarrolló exactamente como Linh lo había previsto. Obtuvo la custodia. Minh aceptó las condiciones de la pensión, siempre y cuando ella mantuviera el asunto en secreto para no dañar su imagen en la empresa.
Linh no dijo nada; no lo necesitaba. Sabía que su silencio era el cuchillo más afilado. No desacreditó a Minh, no mendigó la compasión de los demás. Solo quería una vida nueva, limpia, pacífica, sin él.
Cada día, Linh lleva a Chip a la escuela, trabaja como freelance en su pequeño estudio de arquitectura, acepta encargos de cuadros. Sus ingresos se han triplicado desde que era «ama de casa a tiempo parcial». Es libre, independiente, autónoma, y más bella cada día.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
