Le envié todo a Margaret. Hicimos una prueba de ADN.
Confirmó la verdad.
Somos hermanas de sangre pura.
La gente pregunta si fue un reencuentro alegre. No fue así.
Fue como estar entre los escombros de vidas moldeadas por el silencio.
No intentamos recuperar décadas perdidas. Simplemente estamos aprendiendo a conocernos, lenta y honestamente.
Mi madre tuvo tres hijas.
Una se vio obligada a entregar.
Una la perdió.
Y una la conservó, envuelta en silencio.
El dolor no excusa los secretos, pero a veces los explica.
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