Cuando una niña con un vestido amarillo entra sola en una gran empresa multinacional y declara: "Estoy aquí para tener una entrevista en nombre de mi madre", nadie imagina todavía lo que está a punto de suceder.

Sofía abrió el maletín y le mostró su currículum, certificados, diplomas y una carta manuscrita. Javier frunció el ceño al ver la letra temblorosa del papel.

—Mi mamá lo escribió anoche —explicó Sofía, mordiéndose el labio—. Dijo que si algo salía mal, lo entregara.

Apenas leyó unas líneas cuando su expresión cambió.

—¿Sabes dónde está tu mamá ahora mismo? —preguntó, con un tono más serio. Sofía dudó.

—En el hospital… pero no porque esté enferma. Fue… una emergencia. Esta mañana, vine sola en autobús.

La recepcionista abrió los ojos de par en par, alarmada. Javier permaneció serio, evaluando la situación.

—Sofía —dijo finalmente—, ¿te importaría acompañarme a mi oficina mientras intentamos averiguar qué está pasando? Ella asintió. Mientras caminaban hacia los ascensores, varios empleados se giraron para observar esa escena improbable: una niña pequeña en un enorme rascacielos corporativo, sosteniendo en brazos el futuro profesional de su madre.

Justo cuando las puertas del ascensor se cerraban, el teléfono de Javier vibró. Al ver el número aparecer en la pantalla, su rostro se endureció aún más.

"Esto no puede estar pasando...", murmuró. Sofía lo miró preocupada.

"¿Se trata de mi madre?"

Javier respiró hondo antes de responder.

"Sí... y tenemos un problema muy grave".

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