Cuando una niña con un vestido amarillo entra sola en una gran empresa multinacional y declara: "Estoy aquí para tener una entrevista en nombre de mi madre", nadie imagina todavía lo que está a punto de suceder.

Laura relató los hechos con una mezcla de vergüenza y dignidad. No pidió clemencia; simplemente dijo la verdad. Cuando terminó, Javier supo exactamente qué hacer.

“Señora Morales”, dijo con firmeza, “en GlobalTech, valoramos la integridad y la resiliencia. Usted ha demostrado ambas, incluso en circunstancias extremas. Deseo ofrecerle el puesto”.

Laura extendió la mano para...

Su boca estaba congelada, incapaz de articular palabra.

“Pero… ¿y la entrevista?”

“Ya la tuviste”, respondió Javier, mirando a Sofía. “Y tu representante fue extraordinaria”.

Sofía sonrió por primera vez ese día.

Más tarde, al salir del hospital, Laura tomó la mano de su hija.

“No sé cómo agradecerte lo que has hecho”.

“Mamá”, respondió Sofía, “siempre dices que las mujeres fuertes nunca se rinden. Yo solo… aprendí de ti”.

Javier las observó, consciente de que este encuentro también había cambiado algo en su propia vida.
Y mientras el sol se ponía sobre la ciudad, supo que, de todas las decisiones difíciles que había tenido que tomar, esta había sido la más humana y la más justa.

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