Dejó su reloj de oro, su billetera y su dinero en efectivo expuestos de forma prominente sobre la mesa para poner a prueba la honestidad de su ama de llaves, pero lo que sucedió después lo dejó completamente atónito.

Lucía sonrió con dulzura. "Porque hasta la flor más sencilla puede hacer sonreír a alguien que ya lo tiene todo".

Pero no todos acogieron bien este cambio. Uno de los socios celosos de Alejandro comenzó a difundir rumores, acusando a Lucía de manipularlo para obtener su dinero. Inseguro, Alejandro dejó que la duda se apoderara de él. Ese breve momento de debilidad destrozó algo preciado.

Al día siguiente, Lucía no apareció.

Solo dejó una nota sobre la mesa, donde solían reposar sus flores:

"No se preocupe por mí, Sr. Doval. Siempre le agradeceré nuestras conversaciones. Pero prefiero irme antes de convertirme en una sombra más en su vida. Cuídese. — L."

Alejandro la buscó por todas partes, pero fue en vano.

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