Desaparecido durante 17 años: su ESPOSA lo vio en el banco, lo siguió y descubrió que

Daniel tenía un examen de matemáticas y estaba nervioso. Roberto se sentó con él unos minutos, repasando problemas de fracciones con la serena paciencia que definía su paternidad.

A las 7:30 a. m., Roberto recogió su maletín, se despidió de los niños mientras terminaban su cereal y salió de la casa. Patricia lo vio caminar por la calle hacia la avenida Montevideo, donde tomaría el microbús hacia el metro. El cielo amenazaba lluvia.

Esa fue la última imagen que tuvo de él: la espalda ligeramente encorvada bajo el peso del maletín, caminando entre otros trabajadores camino a sus trabajos, desapareciendo en el flujo humano de una ciudad que nunca duerme.

Roberto nunca llegó al trabajo ese día.

A las 10:00 a. m., su jefe llamó a la casa preguntando por él. Eso era completamente inusual: Roberto era obsesivamente puntual. Patricia sintió la primera punzada de preocupación. Llamó al celular de Roberto, pero estaba apagado. Era extraño. Roberto siempre tenía el suyo encendido por si su familia lo necesitaba.

Esperó, pensando que tal vez había habido un problema de transporte, que los microbuses eran impredecibles, que el metro a veces se detenía entre estaciones.

Pero cuando llegó el mediodía y Roberto seguía sin dar señales de vida, la preocupación se convirtió en alarma.

Patricia volvió a llamar a la empresa. No, no había llegado. No había llamado. Llamó a los pocos familiares que tenían en la ciudad. Nadie sabía nada.

A las 2:00 p. m., dejó a los niños con una vecina y salió a buscarlo, recorriendo la ruta que Roberto hacía todos los días. Preguntó en las tiendas de barrio, habló con los vendedores ambulantes que siempre estaban en los mismos lugares. Nadie recordaba haberlo visto esa mañana.

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