Pusieron volantes de persona desaparecida por Lindavista y barrios cercanos:
"Se busca a Roberto Campos García, 34 años, desaparecido desde el 23 de agosto de 2006".
El número de teléfono de Patricia apareció en cientos de postes, muros y paradas de autobús.
Recibieron llamadas, pero ninguna condujo a nada.
Alguien creyó haberlo visto en Tepito. Era otra persona. Una vidente llamó ofreciendo sus servicios, afirmando haber visto a Roberto "al otro lado". Patricia colgó enfadada. Un hombre le exigió dinero a cambio de información y nunca apareció.
La empresa de Roberto ofreció sus condolencias y le devolvió sus pertenencias: fotos familiares de su escritorio, una taza de la empresa y algunos documentos personales. Revisaron a fondo su computadora del trabajo; nada inusual. Correos electrónicos rutinarios, facturas, hojas de cálculo. Su vida profesional era tan ordinaria como parecía su vida personal.
Económicamente, la situación rápidamente se volvió insostenible. El sueldo de Roberto había sido el principal sustento de la familia. Patricia consiguió un segundo trabajo en una tienda de ropa por las tardes, después de su turno en la clínica dental. Los ahorros que habían reservado cuidadosamente para la educación de sus hijos se consumían en los gastos diarios.
Vendieron el coche: un Nissan Tsuru destartalado pero confiable. La casa, comprada con un préstamo del Infonavit, estuvo a punto de ser embargada hasta que Patricia logró reestructurar la deuda con la ayuda de un abogado comprensivo.
Los vecinos, inicialmente comprensivos, comenzaron a especular. En las tiendas de barrio y durante las conversaciones de los días de lavandería, se extendieron las teorías: Roberto tenía otra familia, se había fugado con una amante, estaba involucrado en algo turbio.
Algunas personas, con malas intenciones, le dijeron a Patricia que debía seguir adelante, que después de un año era hora de rehacer su vida. Ella los silenció con una mirada fría. No se puede superar la desaparición de alguien sin explicación, sin un cuerpo que enterrar, sin un cierre.
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