Desaparecido durante 17 años: su ESPOSA lo vio en el banco, lo siguió y descubrió que

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Ahora volvamos a entender cómo empezó todo, a entender qué pasó en agosto de 2006. Para ello, necesitamos saber quién era Roberto Campos y la vida que había construido en la Ciudad de México.

Roberto nació en 1972 en Guadalajara, Jalisco, pero se mudó a la capital a los 22 años en busca de mejores oportunidades. Era de estatura promedio, complexión delgada, con un rostro que se mimetizaba con la multitud del metro, sin nada particularmente llamativo. Trabajaba como contador en una mediana empresa distribuidora de materiales de construcción en la zona industrial de Vallejo.

Era un trabajo estable que le permitía mantener a su familia sin lujos, pero con dignidad. Conoció a Patricia Ruiz en 1993 en la fiesta de cumpleaños de un amigo en común. Ella trabajaba como recepcionista en una clínica dental y tenía una risa contagiosa que iluminaba cualquier habitación. Se casaron en 1994 en una sencilla ceremonia en la parroquia del barrio, a la que asistieron familiares cercanos y algunos amigos.

No tenían mucho dinero, pero tenían planes: soñaban con un futuro mejor. Su primer hijo, Daniel, nació en 1996, y el segundo, Alejandro, en 1999. Para el año 2000, habían logrado comprar una casa modesta en Lindavista, un barrio obrero de la colonia Gustavo A. Madero, al norte de la ciudad.

Roberto era lo que la gente llamaría un buen hombre. No bebía en exceso, no jugaba a las apuestas y volvía a casa todas las noches. Los fines de semana, llevaba a los niños al parque, ayudaba a Patricia con la compra y veía fútbol con los vecinos. Era el tipo de padre que asistía a las reuniones escolares, que ahorraba con esmero un poco de dinero cada mes para las vacaciones familiares anuales a Acapulco y que soñaba con algún día poder pagar la educación universitaria de sus hijos.

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