Qué hacer: elimínalos sin miedo, con decisión, y reemplaza ese espacio con símbolos claros de fe (ángeles, un belén, una estrella, textos bíblicos, una corona de Adviento significativa, etc.).
2) Segundo objeto: Amuletos de la suerte y la prosperidad combinados con la Navidad.
Esto incluye objetos que muchas personas colocan para atraer cosas buenas en el nuevo año:
Herraduras
Elefantes con la trompa levantada
Monedas atadas con cintas rojas
Amuletos contra el mal de ojo
Tréboles, ranas de la abundancia y otros símbolos similares
Según esta advertencia, el conflicto no es estético, sino espiritual. La Navidad se trata de confiar en la providencia de Dios, no en las energías, la casualidad ni los objetos de la suerte.
Cuando se mezclan amuletos con el belén o el árbol de Navidad, el mensaje interior se vuelve contradictorio:
“Para lo espiritual, confío en Dios… pero para lo material, confío en esto otro”.
Y esta división termina generando inquietud, miedo y una búsqueda constante de control. En lugar de gratitud, surge la ansiedad por “asegurar” la buena fortuna.
Qué hacer: retirar esos amuletos (sin regalarlos casualmente), romper el vínculo simbólico con la superstición y dejar que tu hogar respire una sola idea: Dios es quien sustenta.
3) Tercer objeto: fotos de seres queridos fallecidos en el árbol, velas de luto o “sillas vacías” como centros de mesa para la cena.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
