La casa que el tiempo había desgastado
La vieja casa se alzaba a las afueras del pueblo, inalterada en todo lo que importaba.
De una sola planta. Pintura descascarada. Un porche ligeramente inclinado hacia adelante. La cerca estaba rota en algunos lugares y el techo se hundía más de lo que Matthew recordaba.
Aparcó en silencio y entró.
La puerta crujió.
Y entonces todo se detuvo.
La mesa que lo dejó sin aliento
En la pequeña mesa de madera estaba sentada su madre, Helen Harper. Sus manos rodeaban un cuenco poco profundo.
No había vapor.
No había calor.
Matthew se acercó, con una opresión en el pecho.
Dentro del cuenco había sopa enlatada. La etiqueta se había desvanecido con el tiempo y la fecha de caducidad ya había pasado. Su madre la había dividido cuidadosamente en dos porciones —ambas más pequeñas que una ración completa— y las había colocado una al lado de la otra.
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