Después de años de ser descartada como "simplemente la niñera", la esposa invisible finalmente sale a la luz y queda expuesta como el verdadero poder y la legítima dueña del imperio.

Tras la gala, Héctor revela el verdadero peligro: Adrian usó recientemente su acceso para dar en prenda la joya de la corona de Nexora —la patente del Proyecto Eon— como garantía para un arriesgado préstamo personal. Si Clara lo despide sin más, los acreedores podrían embargar la tecnología. Así que Clara idea un plan más frío: no destituirlo todavía, sino desmantelarlo estratégicamente hasta que firme las garantías.

A la mañana siguiente, Clara llega a la sede como la dueña que siempre ha sido. Adrian intenta apropiarse del poder, pero Clara expone el préstamo, las aprobaciones falsificadas y el fraude. Entonces ella revela un último giro que él nunca vio venir: una cláusula prenupcial que firmó sin leer, asegurando que todo lo que adquiriera sería solo suyo.

Clara le da a elegir: el enjuiciamiento y la ruina pública, o la renuncia y un humillante descenso que lo obliga a devolver lo que arriesgó.

Elige la segunda opción porque para un hombre como Adrian, la irrelevancia es peor que la cárcel. Y justo cuando parece que ha terminado, aparece una nueva amenaza: Lucía huye a Zúrich con el objetivo de hacerse pasar por Clara y acceder a una bóveda segura vinculada a Aurora Holdings, poniendo en riesgo los registros originales más valiosos de la compañía.

Clara no busca venganza.

Busca el control.

Porque la "niñera" ya no pide permiso.

Lo va a recuperar todo, y eso empieza ahora.

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