El día que me mudé, no sentí ningún drama, solo alivio. Que la puerta se cerrara tras mí no fue un final. Fue libertad.
Meses después, el hospital me contactó cuando Lucas ingresó de nuevo. Rechacé involucrarme. Su cuidado ahora recaía en las personas que él había elegido.
Hoy, me siento en un café luminoso que Natalie y yo abrimos juntos. Escribo durante las horas tranquilas, viendo pasar a desconocidos, cada uno cargando vidas que ya no temo ni envidio.
Ya no soy una sombra que sostiene a alguien en pie. Estoy completo.
Y una vez recuperada la dignidad, no pide permiso para quedarse.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
